Cada día, usuarios de sillas de ruedas, ancianos que caminan despacio, enfermeras apresuradas y familiares con bolsas se encuentran en una intersección de la Ciudad Universitaria de São Paulo, justo enfrente del Hospital Universitario. Este es precisamente el tipo de lugar donde un semáforo tradicional falla. El tiempo corre. Quien esté en el paso de peatones es irrelevante. El peatón vulnerable queda atrapado cuando la luz verde se enciende para los autos.
Investigadores de la Escuela Politécnica de la USP probaron una idea innovadora en esta intersección: un semáforo inteligente capaz de “ver” a un peatón y mantener la luz verde mientras cruza. Los resultados fueron notables.
En las simulaciones, el tiempo promedio de espera de los peatones disminuyó un 71%. Hubo momentos en que la espera se redujo casi un minuto. Ese minuto es mucho más que una estadística para alguien que empuja una silla de ruedas o usa un andador. Es la diferencia entre cruzar con seguridad y no cruzar en absoluto.

En esencia, un semáforo inteligente es un sistema de control de tráfico que modifica la sincronización de las luces en tiempo real mediante cámaras, sensores e inteligencia artificial. No funciona con ciclos fijos y predeterminados. Toma decisiones en función del número de coches en espera, el número de peatones en la acera y si hay o no alguien en medio de la calzada. La idea es fácil de comprender, pero difícil de poner en práctica: el semáforo reacciona a los acontecimientos actuales, no a un reloj.
Durante años, São Paulo ha intentado implementar esta tecnología de forma más generalizada. En 2019 se anunció la licitación inicial para la instalación en la ciudad. Los primeros semáforos inteligentes aparecieron en intersecciones de la zona oeste de la ciudad, como los de la Avenida Doutor Arnaldo, cinco años después de lo previsto. Para finales de 2023, la concesionaria del proyecto, SP Regula, esperaba tener al menos 270 intersecciones actualizadas. Aunque el proceso avanza más lentamente de lo previsto, se observan progresos reales. Este tipo de proyectos suelen desarrollarse así.
Si bien la velocidad del tráfico mejora, no es lo único que hace que el sistema sea interesante. Al contar el número de vehículos en cada carril, las cámaras determinan automáticamente qué carril recibe más tiempo de luz verde. El sistema reconoce y reequilibra el tráfico cuando una calle está congestionada y la otra no. El ritmo general de la subzona viene determinado por la intersección más transitada. La forma en que la ciudad se mueve durante la hora punta se ve drásticamente alterada por la lógica de la red subyacente, y no solo por los semáforos individuales.
Sin embargo, el hecho de que el Sistema de Planificación Urbana (SPU) sitúe a los peatones en el centro del análisis —algo que no siempre se hace en la ingeniería de tráfico tradicional— podría ser la característica más relevante de su trabajo.
En pocas palabras, los sistemas de control urbano suelen dar prioridad al flujo de vehículos motorizados o al transporte público, según el investigador Andrey Gomes. Los peatones aparecen como datos secundarios, otro elemento que debe controlarse. Este razonamiento fue refutado por su investigación. Además, los datos demostraron que mejorar las condiciones para los peatones no siempre interfiere con el flujo de tráfico. En algunos modelos, los coches también esperaron menos tiempo.
Aún quedan preguntas sin respuesta. Se desconoce el costo de implementar este tipo de sistemas a gran escala en ciudades con infraestructura inadecuada o recursos escasos, como los barrios periféricos incluidos en las simulaciones de la USP. Para demostrar que la tecnología también puede funcionar en áreas con un trazado urbano irregular, los investigadores seleccionaron deliberadamente una ubicación en Ciudad Tiradentes, un área de urbanización no planificada. Los resultados fueron favorables. Actualmente se desconoce si esto se implementará en la práctica en un futuro próximo.
Al leer todo esto, es difícil ignorar el hecho de que los semáforos han funcionado durante décadas como si el tiempo fuera constante, como si las calles se comportaran igual a las tres de la mañana de un domingo y a las ocho de la mañana de un lunes. La premisa mucho más sensata detrás del semáforo inteligente es que, dado que la ciudad cambia constantemente, el sistema de control también debe adaptarse.

