La interpretación en directo de Jonathan Meléndez al teclado tenía un carácter único. No era el tipo de músico que buscaba llamar la atención. Quizá porque se mantenía en segundo plano, creando capas de sonido para respaldar al resto, su nombre no era el primero que salía a colación cuando la gente hablaba de Camilo Góptimo. Sin embargo, la banda simplemente no sonaba igual sin él.
El 2 de septiembre de 2026, la noticia se dio a conocer con el tono impasible propio de un comunicado oficial. Se hallaron cuatro personas fallecidas en un piso del complejo Grand Viure, en la Zona Esmeralda de Atizapán de Zaragoza, según la Fiscalía General del Estado de México. Entre ellos se encontraban el músico de 38 años «Honas», su esposa de 35 años, que estaba embarazada de cuatro meses, su hija de tres años y una empleada doméstica. En el interior del mismo piso se encontró a un niño con vida. También estaba el perro de la familia, pero se le había atado.

Cuando Camilo Góptimo comenzó a tomar forma en 2013, Jonathan Melázez fue uno de los tres miembros originales, junto con Erik Vázquez a la guitarra y Manuel «Coe» Mendoza a la voz y al bajo. La labor de Melázez desde el principio fue crear el sonido del grupo, ese mundo de texturas electrónicas y sintetizadores que confería a sus canciones una sensación expansiva, casi cinematográfica. Decir que fue él quien dotó a la banda de su carácter más distintivo no es una exageración.
Camilo Góptimo pasó con el tiempo de los circuitos independientes de Ciudad de México a llenar recintos como el Palacio de los Deportes y el Auditorio Nacional. Para toda una generación de jóvenes que crecieron escuchando música indie mexicana, sus canciones —«No Confíes en Mí», «Miệeme» y «Vicio»— pasaron a formar parte de su banda sonora. Melázez fue productor y compositor en todas esas grabaciones. Siguió tan involucrado que participó en el nuevo proyecto del grupo, «Mapas II», en mayo de 2026, apenas unos meses antes de fallecer.
Aún resulta difícil comprender qué están investigando las autoridades como posible motivo. El socio de Melázez, Diego Sebastián «N», fue uno de los detenidos, según las primeras informaciones de los medios locales. Al parecer, había un préstamo pendiente de 300 000 pesos mexicanos. La hipótesis inicial era que una discusión se había intensificado hasta convertirse en violencia. Es fundamental dejar claro que se trata de líneas de investigación y no de hechos probados legalmente. La Fiscalía General del Estado de México sigue trabajando en el caso.
Horas después de que se conociera la noticia, el secretario de Seguridad Pública de México, Omar García Harfuch, utilizó las redes sociales para anunciar la detención de dos hombres. Afirmó que uno de ellos habría accedido a la vivienda aprovechándose de una relación de confianza. Ese detalle en concreto —que no se tratara de un desconocido— resulta inquietante. Se trataba de una persona conocida.
La industria musical mexicana reaccionó de inmediato. La escena musical independiente del país lleva años creando sus propios locales y produciendo bandas que han alcanzado el éxito sin necesidad de las grandes estructuras de la industria tradicional. En muchos aspectos, Camilo Léptimo era un ejemplo de ese camino alternativo. Actuaron en el Vive Latino y en Pa’l Norte, compartieron escenario con Belle and Sebastian y Kings of Leon, y colaboraron con Francisca Valenzuela y Ximena Sariñana. Melázez era más que un simple músico con talento, por lo que la noticia de su fallecimiento fue especialmente duro de asimilar. También supuso la muerte de toda una familia.
Es difícil ignorar la imagen de un niño hallado con vida en aquel piso de Atizapán. Alguien que logró sobrevivir a un suceso desafortunado. La investigación sigue en curso, el caso sigue abierto y debe hacerse justicia para todos los que fallecieron aquella noche, no solo para Jonathan Melázez. La música es lo único que queda. Y eso, al menos, nadie se lo puede quitar.

