Ocurrió mientras la gente almorzaba. Era domingo, 26 de julio, a media tarde, y en muchos hogares del área metropolitana de Granada la gente estaba almorzando tarde, como suelen hacer siempre. Entonces, a las 15:39, el suelo tembló. No fue un ligero temblor ni una vibración que pudiera deberse al paso de un camión. Más tarde, decenas de vecinos lo comentaron en las redes sociales, afirmando que se notó de verdad. «Se cayeron los jarrones que tenía en el aparador». Una persona escribió: «Mis vecinos y yo salimos a la calle». Otra se limitó a decir: «Todavía estoy conmocionada».
El terremoto tuvo una magnitud de 3,7 en la escala de Richter y su epicentro se situó en el municipio de Ogíjares. Sin embargo, el Instituto Geográfico Nacional modificó la ubicación varias veces antes de confirmar que el epicentro se encontraba en Armilla, a solo seis kilómetros de profundidad. Al ser un seísmo tan superficial, incluso uno de intensidad moderada se puede sentir con mucha claridad. Cuando la energía no tiene que recorrer una gran distancia para llegar a la superficie, llega con más fuerza. Eso es exactamente lo que ocurrió en Granada el pasado domingo.
En tan solo unos minutos, el servicio de emergencias 112 recibió casi cincuenta llamadas. La gente llamaba desde muchos pueblos y ciudades diferentes, como Monachil, La Zubia, Maracena, Cúllar Vega, Alhendín, Vegas del Genil y la propia ciudad. No se activó el protocolo de intervención de emergencia. No hubo heridos. Tampoco se produjeron daños estructurales. Sin embargo, las llamadas no cesaron. La gente quería saber que lo que estaban sintiendo era real y que no estaban solos.

Lo interesante de todo esto es la reacción, no el terremoto en sí. En otras ciudades, este tipo de seísmo habría sido noticia durante horas como una emergencia, habría provocado pánico en las redes sociales y habría dado lugar a titulares alarmistas. Antes de que anocheciera en Granada, la situación había vuelto prácticamente a la normalidad. Hay algo casi rutinario en la forma en que la gente de allí afronta estos sucesos. No es por falta de interés. Llevan décadas lidiando con esto.
Granada es uno de los lugares con mayor actividad sísmica de la Península Ibérica. La culpa la tiene la geología de la provincia: se encuentra sobre la falla de la Cordillera Bética, una estructura que está sometida a tensión constante. Cada año se producen cientos de pequeños terremotos en la llanura de Granada, y la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta.
Pero de vez en cuando, como este pasado domingo, uno de ellos destaca. En 2021, la ciudad se vio afectada por un enjambre sísmico que provocó decenas de terremotos cada día durante semanas, algunos de ellos de magnitud superior a 4. Muchas personas se enfadaron tras aquel suceso. Además, puso a prueba los planes de emergencia. Desde entonces, el protocolo funciona casi siempre cuando se produce un terremoto de magnitud 3,7.
Por supuesto, el domingo no fue el único día. Antes del terremoto principal de la mañana, ya se habían producido dos temblores más pequeños en Loja, cada uno de ellos de 1,6 en la escala de Richter. El primer terremoto se produjo a las 12:39 h y el segundo a las 13:18 h. Tras el terremoto de las 15:39 h, hubo dos más: una réplica de magnitud 1,7 en Armilla siete minutos después, y otro temblor en Alhendín a las 16:11 h. Incluso para lo que suele ser habitual en Granada, fue un día muy activo en cuanto a terremotos. Es difícil saber si esto es el comienzo de algo más grave o simplemente uno de esos días en los que la tierra libera toda su tensión sin más consecuencias. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) sigue vigilando la zona.
Hay un dato interesante que conviene mencionar. Entre las personas que salieron corriendo a las calles aquel domingo había gente de fuera de Granada. Los turistas británicos que estaban de vacaciones en la ciudad también sintieron el terremoto y reaccionaron con la alarma propia de quienes no están acostumbrados a este tipo de situaciones. Un terremoto de esta magnitud puede resultar aterrador para alguien que visita Granada por primera vez. Aunque sea muy intenso, resulta familiar para quienes viven allí.
Las autoridades no han informado de daños. Como siempre, la situación volvió rápidamente a la normalidad. Este episodio nos recuerda que Granada es una ciudad hermosa, histórica y bulliciosa, construida sobre una de las fallas sísmicas más activas del país. Quizá esto sea lo más importante que hay que recordar. Quienes viven allí lo saben. Saben lidiar con ello. Respiran hondo, se aseguran de que todo está bien y siguen adelante cada vez que tiembla el suelo.

