En el fútbol, hay momentos en que una elección trasciende el simple hecho de fichar a alguien; se convierte en una declaración de intenciones. Pese a un comienzo complicado, el Valencia CF atraviesa actualmente una de esas situaciones: el equipo ocupa el último puesto de La Liga con un solo punto en cinco partidos, y el banquillo está ocupado provisionalmente por alguien con quien nadie contaba.
La destitución de Carlos Corberán desencadenó una pequeña reestructuración interna. También se marchó el director general de fútbol, Ron Gourlay, llevándose consigo a varios responsables del equipo de trabajo que él mismo había formado. El resultado fue un club en plena transición, en busca de un nuevo entrenador, un nuevo director deportivo y, a la larga, un nuevo rumbo. Nueve años después de su primera etapa, Braulio Vázquez regresó a Mestalla para asumir la dirección deportiva, pero su primera gran decisión se está demorando más de lo previsto.
Ernesto Valverde fue el primer nombre que barajó. Sobre el papel, parecía la opción ideal para las necesidades del club. Se encontraba sin equipo tras dejar el Athletic Club y contaba con experiencia en la máxima categoría, en competiciones europeas y en la gestión de vestuarios complejos. Valverde dejó claro que no había forma de convencerle, ya que se había comprometido personalmente a tomarse un año sabático. No es la primera vez que un gran club choca con la firme decisión de un entrenador que simplemente busca descansar.
A continuación, se contactó con José Luis Mendilibar. El técnico vasco, que acababa de dejar el Olympiacos —con el que había ganado la Conference League, una copa y un título de liga—, también rechazó la oferta. Antes de embarcarse en un nuevo proyecto, prefería tomarse unos meses de descanso. Ese doble rechazo alteró el ritmo de la búsqueda. Desde que Braulio decidió frenar el proceso, este se ha vuelto más metódico y pausado; quizás demasiado tranquilo para un equipo que actualmente se encuentra en puestos de descenso.
Javier Aguirre es el nombre que ha cobrado más fuerza últimamente. Al parecer, el técnico mexicano se ha mostrado abierto a estudiar la propuesta del Valencia tras regresar del Mundial con su selección nacional. Según fuentes cercanas al club, las conversaciones iniciales han sido positivas. La personalidad de Aguirre, su capacidad para gestionar vestuarios difíciles y su experiencia en España lo convierten en un candidato muy atractivo.
Santiago Cañizares fue directo en sus declaraciones en Cadena COPE: “Al menos es entrenador de fútbol”. Tiene trayectoria. Al fin y al cabo, esto es el Valencia. Ese comentario fue intencionado; sirve para recordar que el equipo posee una reputación, una historia y una afición que espera algo más que buenas intenciones.

Entre los nombres que se barajan figuran Éder Sarabia, Sergio Conceiçao, Roberto Martínez y Vicente Moreno —cuyo contrato con el Al-Rayyan de Catar expira en 2028, lo que obligaría a negociar una cláusula de rescisión—. La búsqueda continúa.
La cuestión económica está en el centro del debate sobre los distintos candidatos. Antes de cerrar cualquier acuerdo, Braulio quiere saber con exactitud cuánto puede gastar el club respetando los límites del Juego Limpio Financiero. Desde el regreso del equipo de Vitoria, se ha ido posponiendo una reunión entre el director general, el director deportivo y la directora financiera, Inma Ibáñez. El nombre llega después de los números.
Oscar Sánchez sigue al frente del primer equipo mientras se valoran estas opciones. Braulio llamó al entrenador del filial la misma noche en que destituyeron a Corberán, y este ha gestionado el día a día con una serenidad inesperada. “No recibí instrucciones de nadie del club; tengo libertad absoluta”, declaró. El proceso de toma de decisiones se complica debido a la victoria del equipo sobre el Alavés, que lo sacó momentáneamente de los puestos de descenso. Un triunfo puede generar la tentación de dejar las cosas como están o bien ganar tiempo para esperar al entrenador ideal.
Es posible que el Valencia anuncie a su nuevo técnico durante el parón de la liga. También cabe la posibilidad de que se elija a Aguirre y de que el plan a largo plazo de Braulio dé sus frutos. A juzgar por cómo se ha gestionado la situación desde la destitución de Corberán, parece que el club está decidido a no precipitarse. Se está aprendiendo una lección, pero para la afición de Mestalla la demora conlleva un coste cada vez mayor, al ver cómo la temporada se complica jornada tras jornada.

