Hay algunos políticos que llegan al Congreso con el único objetivo de ocupar un escaño. Otros, simplemente para ocupar espacio. Nacido el 8 de febrero de 1982 en Santa Coloma de Gramenet, Gabriel Rufián Romero lleva mucho tiempo siendo una de esas personas a las que resulta difícil ignorar, independientemente de si se está de acuerdo o en desacuerdo con lo que dice.
| Campo | Información |
|---|---|
| Nombre completo | Juan Gabriel Rufián Romero |
| Fecha de nacimiento | 8 de febrero de 1982 |
| Lugar de nacimiento | Santa Coloma de Gramenet, España |
| Edad | 44 años |
| Partido político | Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) |
| Cargo actual | Portavoz del Grupo Republicano en el Congreso de los Diputados |
| Formación académica | Universidad Pompeu Fabra (2004) |
| Hijo | Biel Rufián Varela |
| Seguidores en Instagram | Más de 855.000 |
| Posición sobre Marruecos y Ceuta | Calificó la crisis migratoria como un “ataque” de Marruecos contra España |
| Posición sobre vivienda | Critica que el Gobierno negocie con Junts las condiciones de la política de vivienda |
| Afiliaciones adicionales | Miembro de la Assemblea Nacional Catalana y del movimiento Súmate |

Rufián, que representa a la Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) en el Congreso de los Diputados, ha desarrollado una carrera política que combina la confrontación directa con un talento único para condensar situaciones complicadas en frases lapidarias que se vuelven virales en las redes sociales durante días. Sus más de 855 000 seguidores en Instagram no son casualidad; sabe a quién se dirige y cómo conectar con ellos.
Su nombre apareció en las noticias dos veces esta semana. Por un lado, sus comentarios sobre Marruecos y la crisis migratoria de Ceuta generaron mucha polémica. Mientras que el control fronterizo marroquí había «fallado», como admitió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante la CNN, Rufián fue, como de costumbre, más directo: «Marruecos ha atacado a este país». Utilizó a sus propios ciudadanos como munición. Es comprensible que a mucha gente le resultara refrescante oír a alguien decir en voz alta lo que otros ocultan tras eufemismos, aunque a algunos esa afirmación les pueda parecer excesiva.
Sin embargo, el caso de Maricarmen, una mujer de 87 años que había vivido en el barrio madrileño del Retiro durante 71 años antes de ser desahuciada, puso de manifiesto el lado más combativo de Rufián en sus interacciones con sus propios aliados parlamentarios. El republicano denunció públicamente que el Gobierno negociara los términos de la política de vivienda con Junts, calificándolo de «error» y tildándolo de «chantaje de la derecha catalana». Publicó en X: «Basta ya del chantaje de la derecha catalana». Añadió algo que resulta un tanto irónico viniendo de un partido que apoya la independencia: si Puigdemont decide no respaldar las iniciativas del Ejecutivo, entonces «que se muestren tal y como son, y punto». Puede que con estos comentarios no se gane muchos amigos en la mesa de negociaciones, pero sí le mantienen en una posición que siempre ha defendido: la de alguien que se mantiene alejado del poder aunque dependa de él.
La personalidad política de Rufián tiene un rasgo intrigante que a veces se pasa por alto. A pesar de ser un político catalanista independentista, resulta más cercano a una parte considerable del electorado de izquierdas del país que muchos líderes de partidos que se identifican como «nacionales». Sus orígenes en una ciudad obrera del área metropolitana de Barcelona, su formación en la Universidad Pompeu Fabra y su estilo de comunicación, que combina el sarcasmo y la indignación sincera, le han conferido un perfil distintivo en el panorama político español.
Por supuesto, no todo son elogios. Sus detractores le acusan de anteponer la influencia mediática a la eficacia legislativa, y algunos señalan que el ruido que genera no siempre se traduce en beneficios reales para su partido o sus seguidores. Es una crítica que merece una reflexión detenida. Ser el político más memorable de una legislatura no es lo mismo que ser el más beneficioso. No está claro si Rufián ha logrado ser ambas cosas a la vez.
Lo que sí es evidente es que Gabriel Rufián sigue siendo una voz difícil de silenciar en un Congreso donde la lealtad se negocia cada semana y los aliados de hoy pueden convertirse en los retos de mañana. Y eso es algo poco habitual en la política española de 2026.

