Durante años, ha habido municipios de cuya existencia nadie fuera de sus límites era siquiera consciente. Entre ellos se encontraba la localidad de Noáin, en el valle de Elorz, en Navarra. Así fue hasta el verano de 2026, cuando una imagen de cohetes estallando en el balcón del ayuntamiento, frente a una plaza abarrotada, se hizo viral en las redes sociales en gran parte de España. En cuestión de segundos, lo que se suponía que iba a ser el comienzo de una fiesta vecinal se convirtió en una emergencia.
Mikel Navarro Ayensa, alcalde de Noáin por A.I.N.E., un grupo local independiente cuyo nombre suena casi arcaico en una época en la que las etiquetas de los partidos nacionales parecen dominarlo todo, estuvo al frente de ese momento. Navarro no es un político de carrera al uso. Según sus declaraciones públicas, asumió el cargo de alcalde por un sentido de la responsabilidad cívica más que por el deseo de ascender en la escala política. Y eso quedó claro el 26 de agosto de 2026.

La respuesta oficial no se hizo esperar cuando varias bengalas estallaron en el balcón del ayuntamiento durante la ceremonia de inauguración de las fiestas de Noáin. Se atendió a más de cuarenta personas, se enviaron tres ambulancias y se habilitó un hospital de campaña provisional. Tres de ellas fueron trasladadas a centros sanitarios. En la emisora SER Navarra, Navarro admitió que el incidente «podría haber sido peor», una afirmación que, aunque en un principio sonara a eufemismo, en realidad resume lo ocurrido: fue grave, pero no catastrófico.
Lo curioso es que las fiestas continuaron, lo que quizá sea el aspecto más revelador de cómo funciona un pequeño pueblo cuando todo sale mal. En un comunicado, el ayuntamiento agradeció a los servicios de emergencia y declaró que el programa continuaría «con normalidad». A alguien de fuera esto le podría parecer impactante. Sin embargo, en lugares como Noáin, las fiestas son algo más que simple entretenimiento. Constituyen el tejido social del año. Cancelarlas conlleva un coste emocional que no se menciona en ningún informe médico.
Navarro expresó públicamente su gratitud al personal de seguridad y médico por su labor. No hubo ninguna rueda de prensa con tintes políticos, ni acusaciones, ni comentarios incendiarios. En una situación en la que la comunicación de crisis suele convertirse rápidamente en un espectáculo, hay algo en este enfoque mesurado que merece atención. No en este lugar. En este caso, fue más propio de alguien que conoce a sus vecinos por su nombre.
Es importante tener en cuenta que hubo cierta agitación política local antes de que Navarro llegara a Noáin, o de que Noáin acogiera a Navarro. El alcalde de la UPN, Sebastián Marco, fue destituido en abril de 2025 mediante una moción de censura liderada por Aldatu, A.I.N.E. y Somos Valle. Luis Maya Armendáriz ocupó temporalmente su puesto. Posteriormente, la situación dio un nuevo giro y Navarro pasó a encabezar el gobierno local. Es posible que este alcalde tenga una perspectiva única sobre lo que significa gobernar sin margen de error, debido a la historia reciente de coaliciones inestables y negociaciones complicadas.
Los principales medios de comunicación nacionales no dan protagonismo a Mikel Navarro. Lo más probable es que él no quiera. Sin embargo, su perfil como político de un pueblo pequeño que gestiona una auténtica emergencia con pocos recursos y sin infraestructura de comunicaciones que le respalde dice más sobre la política de base que muchos discursos parlamentarios. Madrid no está gobernada por Noáin. Cuando te encuentras con los afectados en el mercado de los miércoles, las presiones son diferentes, los vecinos están más cerca y los errores se perciben de otra manera.
El propio ayuntamiento tendrá que abordar con calma la cuestión de cómo gestionar la seguridad en grandes concentraciones cuando el lugar sea el balcón del ayuntamiento de un pequeño pueblo, tras el fracaso de la ceremonia de inauguración de 2026. Probablemente, la solución consistirá en algunas reuniones incómodas, un informe técnico y un protocolo actualizado. Navarro sigue ejerciendo como alcalde de Noáin de forma provisional. Y Noáin sigue siendo Noáin, un lugar del que la mayoría de la gente no sabe nada hasta que, de repente, todo el mundo habla de él.
