Hay personas que llevan años diciendo lo mismo, pero hasta que la vida no les da la razón, nadie les presta mucha atención. Julián Contreras Ordóñez conoce bien esa sensación. El hijo menor de Carmen Ordóñez lleva tiempo labrándose su propio camino como coach y escritor, habiendo elegido Madrid y la autodisciplina frente a los focos y los rumores de la prensa rosa. Sin embargo, cada vez que su apellido aparece en los medios, suele ser en relación con sus hermanos, Francisco y Cayetano Rivera.
Septiembre de 2026 no fue una excepción. Julián decidió alzar la voz en medio del revuelo causado por la ausencia de Cayetano en la última corrida Goyesca de Ronda, un hecho que provocó una inesperada ruptura pública entre ambos toreros. Lo hizo con una declaración que tenía más peso que cualquier vídeo en redes sociales: «Cayetano está sufriendo ahora lo que yo llevo sufriendo tantos años». Pronunció estas palabras con serenidad, sin alzar la voz ni hacer gestos dramáticos. No es una acusación. Tampoco es una queja. Es simplemente una persona que reconoce un patrón porque lo ha vivido en carne propia.
Para esta familia, la Goyesca tiene un gran valor simbólico. Desde que Antonio Ordóñez la fundara en 1954, esta corrida ha evolucionado hasta convertirse en un ritual, un territorio propio y un criterio para determinar quién pertenece al círculo y quién no. Las versiones de los hermanos no coincidían, y la ausencia de Cayetano este año despertó inquietud.
Francisco aseguró que Cayetano no había manifestado su intención de torear allí en esta ocasión; fuentes cercanas, en cambio, afirman que Cayetano expresó ese deseo durante el bautizo de Nicolás, en noviembre de 2025. Existe una conversación, a medio camino entre ambas versiones, que o bien nunca llegó a producirse o bien cada uno recuerda de manera muy distinta.
Julián insiste en dejar claro que no toma partido. «Me mantengo fiel a lo que considero lógico y coherente». A pesar de estar retirado, opina que Cayetano podría haber toreado en Ronda. También comenta que habría valorado recibir una invitación para sí mismo, un detalle más significativo de lo que parece. No fue invitado. Tampoco asistió a muchos otros eventos relacionados con su abuelo a lo largo de los años.
Quizás aún esté asimilando el impacto de esta acumulación de ausencias. Ahora ha revelado la causa de su distanciamiento de Francisco con una claridad que antes no tenía. No hubo ni el tipo de traición propia de los programas de televisión ni un altercado dramático. Se trató de una deuda económica, algo más común y, posiblemente, más difícil de saldar.
Julián pidió dinero prestado a su hermano tras el fracaso de su restaurante en Madrid en 2013, pero no pudo devolverlo en el plazo acordado. Liquidó la deuda cediendo más de la mitad de los derechos de autor cuando se publicó el libro De Rivera a Ordóñez años más tarde. Al parecer, a Fran aquello no le pareció suficiente.

Resulta interesante cómo las familias más expuestas públicamente a menudo se desmoronan por motivos estrictamente personales. No por ideologías ni por herencias millonarias, sino, en ocasiones, simplemente por una deuda impagada, una invitación que nunca llegó o una conversación que se pospuso una y otra vez hasta volverse imposible de mantener.
Julián Contreras Ordóñez, de cuarenta años, es coach personal y autor de cuatro libros. Reside en Madrid y es cofundador de In It Growth. Aunque no cuenta con tantos seguidores como sus hermanos, suma unos respetables 65.000 en Instagram. Da la impresión de que fue una decisión consciente —aunque con un coste emocional—, ya que su vida transcurre muy lejos del lugar que ocupan los Rivera en la cultura popular española.
Al escucharle hablar de Cayetano, resulta evidente que Julián no habla con resentimiento; lo hace con un tono de reconocimiento. Hay una diferencia. Su afirmación —«Dudaron de mí; hicieron que yo mismo dudara, pero todo eso quedó atrás hace mucho»— no suena a herida abierta. Suena a alguien que ha pasado página y relata lo que estaba escrito en ella. Eso conlleva una especie de valentía serena que merece ser tenida muy en cuenta en una familia donde las guerras se libran en televisión y los silencios se prolongan durante décadas.
