Desde hace semanas, circula un artículo por X, Instagram y WhatsApp. Utiliza el logotipo de El Mundo y presenta el mismo diseño, tipografía y aire de autoridad que cabría esperar de un medio de comunicación serio. Según el titular, el economista Gonzalo Bernardos fue detenido al salir de las instalaciones de Antena 3 tras hablar sobre una plataforma de inversión en el programa Espejo Público. Suena dramático. Suena auténtico. Y ahí reside precisamente el problema.
Porque no ocurrió. Nada de eso sucedió. No hubo ninguna detención de Gonzalo Bernardos. Nadie fue arrestado. La URL del supuesto artículo es northwiremedia.com —que nada tiene que ver con el periódico al que imita— en lugar de elmundo.es. Los botones de la página no funcionan. Las imágenes que acompañan al texto presentan indicios claros de haber sido creadas o alteradas digitalmente, según análisis realizados con herramientas de detección de IA. En pocas palabras, se trata de una trampa diseñada hábilmente para parecer auténtica el tiempo suficiente como para convencer a alguien de hacer clic.
La CNMV, el organismo regulador de los mercados de valores en España, no ha autorizado la plataforma de inversión que motiva dicho clic. En lugar de ofrecer información, el objetivo es recopilar datos bancarios y personales o engañar a la víctima para que realice un pago en un sitio web que no constituye un negocio legítimo. En distintas versiones de este bulo se mencionan plataformas como Faro Fondorio, Fino Inversoría, Impetu Gainrevo y BitGROK App. Ninguna de ellas figura en los registros de los organismos reguladores españoles. El esquema fraudulento es idéntico en todos los casos.

Resulta especialmente llamativo que el bulo haya aparecido en múltiples ocasiones. Investigadores de Maldita.es descubrieron que el mismo artículo fraudulento se publicaba reiteradamente —siempre en la misma URL—, pero cambiando el nombre de la plataforma de inversión promocionada. Parecía como si alguien estuviera experimentando con diversas variantes de la misma estafa, modificando el mensaje en función de cuál resultaba más eficaz. Esto apunta a una operación planificada, más que a un hecho aislado.
El propio Bernardos ha ofrecido una respuesta concisa y comprensiblemente frustrada. Ha advertido en repetidas ocasiones, tanto en redes sociales como en apariciones televisivas, que estas publicaciones son fraudulentas, que él no respalda ninguna de esas plataformas y que el uso de su imagen constituye una suplantación de identidad, un problema que viene de lejos.
En mayo de 2025, reveló en el programa Más Vale Tarde que su voz y su nombre habían sido utilizados para promocionar una criptomoneda falsa; el vídeo estaba tan bien elaborado que resultaba difícil distinguir si se trataba de una entrevista real. En aquel momento, calificó el hecho de «estafa». Desde entonces, las variantes de este engaño no han hecho más que aumentar.
Los estafadores ya no necesitan hackear cuentas ni enviar correos electrónicos con faltas de ortografía evidentes, lo cual dice mucho sobre la situación actual. Utilizan inteligencia artificial para generar artículos, imágenes y clones de voz que imitan con una precisión inquietante a los medios de comunicación de prestigio. Van tras personas como Bernardos porque son figuras reconocidas en los ámbitos de las finanzas y la economía. El razonamiento es sencillo: si alguien que habla de dinero en televisión sugiere algo, podría valer la pena. Se explota directamente la confianza que el público deposita en personajes conocidos.
Muchas de las personas que recibieron dicho artículo por WhatsApp probablemente nunca cuestionaron su veracidad. Los autores de esta estafa saben muy bien que las apariencias importan. La mejor defensa en esta situación sigue siendo la más simple: antes de hacer clic en cualquier enlace que prometa noticias impactantes sobre una detención, conviene verificar la URL, buscar la información en medios fiables y tener presente que cualquier contenido diseñado para provocar una reacción inmediata suele ser sospechoso.
Gonzalo Bernardos no fue detenido. Sigue pronosticando el futuro de empresas como SEAT, analizando la economía española y apareciendo en televisión. Lo que sí se vio interrumpido, al menos momentáneamente, fue la capacidad de algunos usuarios para distinguir entre noticias auténticas y una trampa engañosa.

