Un detalle sobre Diego Rubio Rodríguez lo dice todo. En su despacho de La Moncloa, dicen que colgó un lienzo blanco con un texto en negro que rezaba: «La historia aún no se ha inventado». Es el tipo de afirmación que uno esperaría de un profesor de Oxford, no de alguien encargado de las operaciones políticas diarias del presidente del Gobierno. Sin embargo, Rubio no encaja del todo en ninguno de los dos grupos. Es ambas cosas a la vez, y es precisamente esta dualidad la que lo distingue de otros miembros del círculo íntimo de La Moncloa.
Rubio, nacido en Cáceres en 1986, llegó a La Moncloa desde el ámbito académico con una reputación en la política española que pocos pueden igualar. Recibió el Premio Nacional a la Excelencia Académica tras graduarse en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona con el mejor expediente académico del país. A esto le siguieron un máster en la École Normale Supérieure de París, un doctorado en Oxford y puestos en la Sorbona y la Universidad de Columbia. No es el perfil típico de un asesor político de partido; más bien, es el de un intelectual que llegó a la conclusión de que los conceptos debían tener aplicaciones en el mundo real.
Pedro Sánchez lo contrató inicialmente en 2020 y le encomendó la responsabilidad de dirigir la recién creada Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia. El objetivo era analizar sistemáticamente los desafíos a largo plazo de España y ayudar al país a prepararse para ellos. Se trataba de un mandato ambicioso, casi quijotesco. En ese cargo, Rubio supervisó la estrategia para poner fin al confinamiento por la COVID-19 y elaboró el plan «España 2050», calificado por la Comisión Europea como una contribución significativa. No es así como se elogian los documentos destinados a acumular polvo en un cajón.
Sánchez lo nombró jefe de Gabinete en septiembre de 2024, el puesto más cercano al presidente del Gobierno en la estructura organizativa de La Moncloa, a excepción de los ministros del Gobierno. Tras ello, Rubio renovó por completo la organización: contrató a académicos de universidades prestigiosas, amplió la plantilla hasta las 700 personas e implementó herramientas de inteligencia artificial para el seguimiento de redes sociales y el análisis económico. Bajo su dirección, La Moncloa cambió, para bien o para mal. Como ocurre con casi todo en política, determinar si eso es algo positivo depende de a quién se le pregunte.
Es difícil pasar por alto que Rubio también gestionó situaciones de gran complejidad durante este periodo, como las inundaciones de Valencia, el apagón de 2025 y las negociaciones sobre gasto en defensa con la OTAN. En este último caso, España fijó una postura clara dentro de la alianza respecto al objetivo del 5 % del PIB; una negociación en la que él participó de forma directa y significativa, según los medios especializados.
Sin embargo, el nombre de Diego Rubio Rodríguez ocupa actualmente los titulares por motivos mucho más incómodos. El jefe de Gabinete atraviesa una situación política precaria debido a la crisis migratoria de Ceuta, que el pasado mes de julio provocó la entrada de decenas de miles de personas en la ciudad autónoma en cuestión de días.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, afirma haber advertido a Rubio de que la situación se estaba agravando tres días antes de la llegada masiva. La Moncloa niega que el tono descrito por Vivas estuviera presente en la conversación, aunque el hecho de que esta se produjera es indiscutible.

La situación se agravó unas semanas más tarde, cuando el diario ABC reveló que Rubio había disfrutado de unas vacaciones en Japón en agosto, mientras la crisis aún persistía. Según fuentes gubernamentales, supervisó las operaciones de La Moncloa mediante teletrabajo. Es muy posible que así fuera. No obstante, en política la percepción es importante, y resulta difícil defender ante la opinión pública la idea de un jefe de Gabinete gestionando una emergencia desde el otro lado del mundo.
Aún quedan interrogantes sin respuesta. ¿Qué información concreta recibió el Gabinete del Presidente antes del 30 de julio? ¿Cómo se comunicaron entre sí la Delegación del Gobierno en Ceuta, los ministerios, el CNI y el despacho de Rubio? Los documentos desclasificados confirman la existencia de indicadores de alerta temprana, pero no explican del todo cómo ni quién los evaluó. La oposición ya ha exigido su comparecencia ante el Parlamento.
Rubio es joven, inteligente, de perfil técnico y con una visión a largo plazo; características todas ellas que el Gobierno de Sánchez pretendía proyectar. Sin embargo, cuando estalla una crisis en tiempo real, mantener una perspectiva a largo plazo puede convertirse en un lujo. Y ahí es precisamente donde más se nota la diferencia entre la gestión de la situación actual y la teoría del cambio.

