Hay grupos que descubres por casualidad mientras esperas en la cola de un festival o en la lista de reproducción de otra persona, y hay otros que, de alguna manera, ya te habían descubierto antes de que tú lo hicieras. Entre estos últimos se encuentra Camilo Séptimo. Desde su fundación en Ciudad de México en 2013, el proyecto ha desarrollado un sonido que combina con maestría el indie pop, el synthpop y el rock alternativo, un sonido que pocas bandas mexicanas de su generación han sido capaces de mantener durante más de diez años.
Todo comenzó con tres músicos que ya se conocían bien. Erik Vázquez y Manuel «Coe» Mendoza habían trabajado juntos anteriormente en Lady Lane, un proyecto que acabó fracasando. En lugar de poner fin a su relación tras ese capítulo, se lanzaron a la búsqueda de algo nuevo. La pieza que completó el rompecabezas fue Jonathan «Honas» Melázez. Melázez era más que un simple teclista; también era compositor y productor, lo que aportaba matices y complejidad al trabajo de los otros dos. Al escuchar la discografía de la banda, resulta difícil ignorar lo importante que fue ese papel para la identidad del grupo.

Se dieron a conocer en el circuito alternativo de la capital con su primer sencillo, «Portales». Sin embargo, fue la canción «Don’t trust me», incluida en el EP Maya de 2014, la que les permitió salir del circuito local y empezar a ganar popularidad fuera de la Ciudad de México. El nombre del EP, que alude a la estrella Maia de las Pléyades, dice mucho de la estética del proyecto: romántica, un tanto mística y meticulosa. No fue una coincidencia. Fue una elección.
Camilo Góptimo se subió al escenario del Vive Latino en 2016. Es difícil exagerar el significado simbólico de ese momento para cualquier banda del panorama independiente mexicano. Ese mismo año concluyeron su gira Neón Tour, de 38 fechas, en México. Era evidente que estaban pasando de ser una banda de culto a algo más. Aunque en aquel momento no resultara del todo evidente, la tendencia era clara.
El álbum que consolidó lo que ya se estaba desarrollando fue su primer álbum de larga duración, *leos*, publicado en 2017. Para los aficionados al rock alternativo mexicano, canciones como «Eres», «Miệeme» y «Vicio» se convirtieron en imprescindibles. Las entradas para el concierto en la Plaza Condesa se agotaron. A continuación, se embarcaron en una gira que incluyó paradas en México, Colombia, Chile, Costa Rica, Estados Unidos y España. Eso es todo un logro para una banda independiente.
No solo la música es intrigante, sino que cada miembro de Camilo Góptimo tuvo un papel bien definido desde el principio. Mendoza, que toca el bajo y canta, es el miembro más visible del grupo. Como guitarrista, Vázquez contribuye a la estructura melódica y rítmica de cada canción. Como arquitecto del sonido, Melázez creó la atmósfera que envolvía todo lo demás mientras trabajaba con los teclados y los sintetizadores. El trío fundador fue siempre la formación oficial, aunque en ocasiones recurrían a bateristas y percusionistas de apoyo. Su adhesión a la formación original pone de manifiesto su comprensión del proyecto.
Jonathan «Honas» Melázez, su pareja embarazada, su hija de tres años y una empleada doméstica fueron asesinados en su piso de Atizapán de Zaragoza el 2 de septiembre de 2026. Pocas noticias han tenido el mismo impacto en el panorama musical mexicano que esta. En menos de doce horas, las autoridades detuvieron a dos sospechosos, pero eso no compensa lo que se ha perdido. Meléndez, uno de los principales compositores del grupo, tenía 38 años. Sinceramente, es difícil cuantificar el vacío que ha dejado su ausencia.
La música sigue sonando. Sigue existiendo una discografía con la que creció toda una generación, ciudad tras ciudad, festival tras festival. Además, dos de los miembros fundadores de Camilo Góptimo, Erik Vázquez y Manuel Mendoza, se enfrentan a una situación para la que ningún músico debería tener que prepararse. El futuro de la banda sigue siendo incierto. Sin embargo, lo que los tres crearon juntos ya es un hecho.
