España se despertó el 27 de julio ante una escena que mucha gente aún se cuesta creer. Durante generaciones, los madrileños han utilizado las montañas del oeste como un corredor verde para escapar del calor de julio de la ciudad. Pero desde hace ya varios días, las montañas están cubiertas por una columna de humo que se puede ver desde cientos de kilómetros de distancia. No hace falta exagerar. Esta imagen define este verano.
Ha habido más incendios en la historia de España que los que han arrasado Madrid, Ávila y Toledo. Se han quemado 77 000 hectáreas. Más de 110 000 personas tuvieron que abandonar sus hogares, sus mascotas y sus negocios de la noche a la mañana. Cuesta imaginar esa cifra porque es enorme. Para que te hagas una idea, esa superficie es cinco veces mayor que la de la ciudad de Madrid.
Se iniciaron dos incendios distintos, uno en las montañas de Madrid y otro en la provincia de Ávila. El domingo se unieron para formar un único frente de fuego de 160 kilómetros de ancho. El responsable del Gobierno en Ávila lo confirmó sin rodeos: los dos incendios se han unido. Desde el principio, cuando avanzaban con toda su fuerza, la situación ha cambiado, pero aún no están bajo control. Hay una gran diferencia entre extinguir un incendio y evitar que se propague. España sigue en la primera fase.

La noche del domingo fue ajetreada en cuanto al trabajo, pero hubo algunos indicios de alivio. Rafael Grande-Marlaska, ministro del Interior, habló de «avances positivos» y de mantener la situación bajo control en la mayoría de los frentes. Sin embargo, parece que nadie quiere celebrar nada demasiado pronto, ya que se percibe cautela en todas las declaraciones oficiales. Para el lunes se esperan rachas de viento de hasta 30 kilómetros por hora en la Sierra de Madrid, lo que podría dificultar aún más la lucha contra los incendios. El servicio de emergencias 112 de la Comunidad lo ha dicho sin rodeos: el viento podría reavivar incendios que parecían estar definitivamente extinguidos.
Hay ciertos datos que dicen mucho de la gravedad de la catástrofe. 43 carreteras secundarias siguen cortadas al tráfico. 4 050 personas se vieron obligadas a abandonar un camping en El Escorial. Los residentes de una residencia de ancianos en San Martín de Valdeiglesias tuvieron que ser trasladados a un colegio porque el fuego se había acercado demasiado. Los ganaderos llevan días sin poder acceder a sus explotaciones para alimentar a sus animales. El lunes se anunció que se les asignaría una franja horaria para entrar. Solo una franja horaria, y con normas de seguridad estrictas.
A esto se suma el incendio de la Vall d’Uixó, en Castellón, que lleva tres días activo y ha arrasado otras 6 500 hectáreas. El lunes, treinta aviones trabajarán allí, cinco más que el domingo. Las 16 000 personas que se vieron obligadas a abandonar 18 localidades siguen alojadas en otros lugares. Aunque se trate de otra parte del mundo, este nuevo frente aumenta la presión sobre un sistema de emergencias que ya está desbordado.
Es importante prestar atención a la advertencia que la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, lanzó el lunes: a partir del martes habrá un «riesgo muy alto de incendios forestales en todo el país» y podría producirse una cuarta ola de calor del verano. Las próximas semanas podrían ser igual de duras, o incluso peores. No parece que el tiempo vaya a mejorar.
Sigue habiendo una pregunta que nadie puede responder con claridad: ¿cuándo podrán volver a casa todas esas personas? Algunas llevan días durmiendo al aire libre mientras esperan noticias y observan el humo desde lejos. Hoy, el camping de El Escorial ha vuelto a abrir. Algunas de las personas que se encuentran alojadas en San Martín podrán regresar a sus propios hogares. Aunque se trate de pequeños indicios, son muy importantes en este caso.
Este verano en España está siendo una época terrible, y no solo para el medio ambiente. Es un duro recordatorio de lo que les ocurre a los sistemas naturales cuando el cambio climático se agrava. Antes de que acabara julio, ya se habían producido tres olas de calor. Plantas secas. Viento. Y un fuego que avanza más rápido de lo que los medios de extinción pueden detenerlo. Cuando la gente vea estas imágenes, no debería pensar que se trata solo de una extraña coincidencia.

