Omar Zamitiz describe con notable claridad un momento concreto de su vida. Tras sufrir un accidente hace más de veinte años, permaneció inmóvil durante un año entero. No fue una lesión leve ni una recuperación rápida; pasó ese año postrado en cama, con el cuerpo paralizado y la mente buscando desesperadamente una solución.
Es el tipo de experiencia que o bien te transforma por completo o bien te destroza. En el caso de Zamitiz, ocurrió lo segundo. «Paso a paso, fui ideando el mejor plan de acción», recuerda. Durante aquellos meses, descubrió dos principios que más tarde cimentarían su trabajo: la disciplina nace de las decisiones cotidianas —incluso cuando no se tienen ganas— y la mente debe entrenarse antes que el cuerpo. Pese a su aparente sencillez, es un concepto difícil de mantener en la práctica; sin embargo, Zamitiz lo ha aplicado desde entonces.
De esa experiencia surgió Animal Move, su método de entrenamiento, al que él denomina «gimnasia natural» o «biogimnasia animal». Su objetivo principal es recuperar movimientos innatos —como rodar, gatear, mantener el equilibrio o impulsarse— que se han ido perdiendo debido al sedentarismo y a los hábitos actuales.
No es un enfoque que priorice la estética ni el rendimiento deportivo de élite; busca algo más fundamental y práctico: lograr que el cuerpo sea más resistente, ágil y coordinado en las actividades diarias. Pretende que la persona pueda moverse sin analizar cada gesto, levantar peso sin lesionarse y realizar sentadillas sin sentir dolor.
Hoy en día, su alcance trasciende con creces su clientela inicial: cuenta con más de 68 000 seguidores en Instagram y una plataforma de entrenamiento en línea bajo la marca FAINUS ZAMITIZ. Ha creado una comunidad que creció de forma orgánica, ya que su filosofía conectó con quienes buscaban una alternativa a las rutinas de gimnasio convencionales. Ofrece programas adaptados a deportistas de todos los niveles, desde principiantes hasta expertos.

Cabe destacar que, antes de todo esto, Zamitiz ya gozaba de reconocimiento internacional, un dato que quizás muchos desconozcan. Fue uno de los primeros atletas mexicanos en aparecer en una plataforma de alcance mundial al competir en Ultimate Beastmaster, un programa de competición física producido por Netflix, en 2017. En cierto sentido, aquello fue un preludio de lo que sucedería años más tarde.
Su nombre regresa a Netflix en septiembre de 2026 con Physical: 100 – México, la adaptación latinoamericana de la popular serie coreana que revolucionó la televisión de competición en 2023. Cien atletas de élite —entre ellos exfutbolistas, luchadores olímpicos, clavadistas, fisicoculturistas e influencers del mundo fitness— compiten en este formato para determinar quién posee el físico más completo.
Zamitiz compite junto a su esposa, Daniela Fainus, atleta de HYROX y Spartan DEKA e influencer con más de dos millones de seguidores. El hecho de que ambos participen en el mismo programa dice mucho de la vida que han construido juntos, una vida que combina lo personal y lo profesional de una manera poco convencional.
No siempre es sencillo equilibrar esa mezcla. Zamitiz lo reconoce abiertamente. Explica que debe distinguir entre dos facetas de sí mismo cuando la entrena: durante la sesión actúa como entrenador, centrándose en motivarla y realizar ajustes técnicos, pero al terminar vuelve a ser el esposo. “Termino la sesión y vuelvo a ser el esposo que la ama, que está a su lado, que le cocina y le da masajes”, comenta. Es una descripción encantadora y sincera que refleja una armonía que, evidentemente, han cultivado con esmero.
Es imposible pasar por alto un detalle clave en la trayectoria de Zamitiz: no llegó al mundo del fitness impulsado por una vocación temprana ni por un éxito repentino. Su camino estuvo marcado por un año de inactividad forzosa y la necesidad de reconstruir su cuerpo gradualmente. En cierto modo, esto se percibe en su forma de hablar sobre el movimiento: no lo concibe como un fin en sí mismo, sino como un medio para mejorar la calidad de vida. Es una herramienta que, en su opinión, nace en la mente y se desarrolla mediante la constancia: cada mañana, sin falta.

