En septiembre de 2025, se difundió una fotografía tomada en el Foro Global de Bloomberg Philanthropies, celebrado en el Hotel Plaza de Nueva York. En ella aparece el rey Mswati III de Eswatini, vestido con traje y rodeado de líderes mundiales y acaudalados donantes. Cuesta un poco asimilarlo. Se trata del mismo hombre que está al frente de uno de los países más pobres de África, donde más del 60 % de la población vive en la pobreza y la esperanza de vida ha sido una de las más bajas del mundo durante muchos años. Su presencia en esa sala no es necesariamente una contradicción. Sin embargo, en cierto modo sí lo es.
| Detalle | Información |
|---|---|
| Nombre completo | Makhosetive Dlamini |
| Nombre de reinado | Mswati III |
| Título oficial | Ngwenyama (Rey) de Eswatini |
| Fecha de nacimiento | 19 de abril de 1968 |
| Lugar de nacimiento | Hospital Raleigh Fitkin Memorial, Manzini, Eswatini |
| Edad actual | 58 años |
| Inicio del reinado | 1986 (a los 18 años) |
| Padre | Sobhuza II |
| Madre | Reina Ntfombi |
| Educación | Sherborne Boys (internado privado, Inglaterra) |
| Tipo de gobierno | Monarquía absoluta |
| Número de esposas | Al menos 15 (documentadas públicamente) |
| Número de hijos | Más de 16 reconocidos |
| País | Eswatini (antes Suazilandia) |
| Ubicación geográfica | Sur de África, sin salida al mar |
| Cargo internacional | Presidente de COMESA (desde septiembre de 2010) |
| Participación reciente | Conferencia de la ONU sobre Países Sin Litoral, Turkmenistán, agosto de 2025 |
| Medida sanitaria notable | Revivió el rito umchwasho en 2001 para frenar el VIH |
| Situación de derechos humanos | Partidos políticos prohibidos; críticas internacionales por represión de activistas |
| Inmunidad legal | Constitucionalmente protegido de cualquier proceso judicial |
Su nombre de nacimiento era Makhosetive Dlamini, y nació el 19 de abril de 1968. Estudió en un internado privado en Inglaterra llamado Sherborne Boys. Este simple hecho ya muestra lo diferente que fue su vida respecto a la de la mayoría de las personas sobre las que escribía. A los 18 años regresó a Eswatini —que entonces se llamaba Suazilandia— para ser coronado rey tras la muerte de su padre, Sobhuza II. Se convirtió en el rey o reina más joven del mundo en aquel momento.
Desde entonces, ha tenido un reinado largo y complicado que, según sus críticos, cada vez es más difícil de defender. Se considera que Mswati III es el último monarca absoluto de África. El hecho de que sea él quien elija al primer ministro, al gabinete y a los jueces tiene repercusiones en la vida real. No pueden existir partidos políticos. La Constitución le exime de cualquier proceso judicial. Goza de inmunidad en el sentido más estricto de la palabra. En el siglo XXI, cuando el resto del mundo, al menos, actúa como si fuera responsable, es difícil no preguntarse cómo se gobierna un país así.
Aun así, el rey no es una figura completamente aislada del resto del mundo. En 2010, estaba al frente del Mercado Común para África Oriental y Meridional (COMESA). Durante el mes de agosto de 2025, viajó a Turkmenistán para asistir a la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países en Desarrollo sin Salida al Mar. Fue una jugada inteligente por parte de Eswatini, ya que es un país sin salida al mar y depende del comercio con Sudáfrica y Mozambique. Al asistir a este tipo de eventos, Mswati parece estar intentando que su país parezca una parte importante de la comunidad internacional, al menos desde un punto de vista diplomático.

Se ha hablado mucho tanto de la vida personal del rey como de sus decisiones políticas. Los registros públicos indican que tiene más de doce hijos y al menos quince esposas. Según la tradición suazi, la familia real puede tener más de una esposa, y Mswati lo ha hecho en numerosas ocasiones. En 2001, intentó frenar la epidemia de VIH que estaba devastando el país recuperando un antiguo ritual llamado umchwasho, según el cual las jóvenes menores de 18 años no podían mantener relaciones sexuales. La medida fue recibida con escepticismo en el extranjero y no tuvo el resultado deseado. Probablemente, mucha gente en Eswatini la consideró menos una verdadera política de salud pública y más un acto simbólico.
En los últimos años, las tensiones sociales en el país han aumentado. El Gobierno ha reprimido las protestas y ha matado a personas que luchaban por la democracia. Los grupos de derechos humanos llevan años documentando lo que denominan un patrón sistemático de represión. Por su parte, el rey no ha dejado claro que quiera cambiar las cosas. Quienes siguen de cerca la situación no logran definirlo con exactitud, pero tienen la sensación de que Eswatini se encuentra estancado en un limbo, a la espera de que ocurra algo, aunque sin saber muy bien qué.
Si se le observa desde fuera, siempre se le recordará como el hombre que ha gobernado un pequeño reino montañoso del sur de África durante casi cuarenta años. Lo ha hecho basándose en la tradición, en su autoridad legal absoluta y en una estrategia diplomática que le mantiene en el punto de mira de ciertos círculos internacionales. Aún no está claro si esto es suficiente para que el país siga adelante a largo plazo.

