En septiembre de este año, se hizo viral una fotografía de Javier Bardem y Penélope Cruz paseando por el Lido de Venecia. Ella lucía un vestido apropiado para el calor de finales del verano, mientras que él vestía un traje oscuro. Simplemente paseaban, sin posar. Sin embargo, se percibía ese rasgo difícil de describir propio de las parejas de larga duración que aún se miran con complicidad.
Habían viajado al Festival de Cine de Venecia —por quinta vez en sus carreras— para presentar Bunker, la última película de Florian Zeller. A nadie debería sorprender que dos actores de su talla colaboraran una vez más. No obstante, resulta notable la constancia con la que lo hacen, así como la facilidad con la que transitan entre el mundo real y el set de rodaje, sin que ninguno parezca contaminar al otro.
El inicio de su historia —el año 1992, la película Jamón Jamón y dos jóvenes que se conocen durante una prueba de vestuario— ya forma parte de la historia del cine español. Él tenía veintidós años y ella dieciséis o diecisiete, según la fuente. El propio Bardem ha relatado esto en diversas entrevistas con su característica mezcla de elocuencia y franqueza.
«Sucedió algo», dijo en una ocasión. «Algo inexplicable que trasciende la lógica». Sin embargo, en realidad no ocurrió nada; al menos, no en aquel entonces. Cada uno siguió adelante con su vida, sus proyectos y su trayectoria profesional en un sector que, según el año, puede parecer inmenso o increíblemente pequeño.
Pasaron quince años hasta que llegó el siguiente capítulo. Woody Allen los reunió en 2007 para rodar Vicky Cristina Barcelona, película filmada en parte en las calles y bodegas de Oviedo y Barcelona. Según Bardem, ninguno de los dos quiso dar el primer paso durante el rodaje, ya fuera por timidez o por ese exceso de profesionalidad que a veces actúa como freno. Finalmente, la fiesta de fin de rodaje y el último día de filmación obraron el milagro.
Él comentó una vez: «El resto es historia», demostrando su capacidad para sintetizar ideas importantes en unas pocas frases concisas. Por esa misma película, Cruz ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto en 2009; en su discurso de agradecimiento, lo mencionó como parte del elenco. Aunque fue un gesto pequeño, tuvo gran significado en aquel escenario. En julio de 2010, contrajeron matrimonio en una ceremonia íntima celebrada en la casa de unos amigos de la familia en las Bahamas. Como ocurre con casi todo lo relacionado con ellos, no hubo anuncio oficial; la noticia se dio a conocer más tarde.

Esa discreción es una decisión, no una pose. En una entrevista de hace unos años, Cruz ofreció una explicación clara: habían decidido no hablar de su relación en público, y aquello les funcionó bien. La relación entre Bardem y Cruz destaca por ser casi única en una época en la que las parejas de Hollywood parecen existir, en parte, para ser fotografiadas. Tienen dos hijos, Leo (nacido en 2011) y Luna (nacida en 2013), viven en un barrio de Madrid y, por lo general, se mantienen alejados del foco mediático.
Lo que sí trasciende son aquellos detalles que, ocasionalmente, salen a la luz. En una entrevista reciente, Bardem habló sobre la depresión posparto de Cruz y admitió que, al principio, no se dio cuenta de cuánto estaba sufriendo ella. Más allá de cualquier aparición en una alfombra roja, la franqueza de esas palabras revela mucho sobre el tipo de pareja que forman.
También hay momentos como la gala de los premios Goya de 2010 o el Festival de Cannes, donde Bardem ganó el premio al mejor actor por Biutiful y le dedicó el galardón públicamente. «Te debo tanto y te quiero tanto», dijo entonces. Tales declaraciones no son fruto de la improvisación.
Su proyecto más reciente, Bunker, llega en un momento en que ambos gozan de una sólida posición profesional. Cruz protagonizó hace poco la película Ferrari. Bardem sigue eligiendo proyectos que, por su naturaleza, son difíciles de llevar a cabo. La película de Zeller les plantea temas de especial relevancia en el contexto actual, como la desigualdad social y la fragilidad de la vida privada. Esta colaboración podría convertirse en una de las más memorables de su trayectoria si la obra tiene éxito; todo apunta a una buena acogida en Venecia.
En el mundo que habitan, esta historia resulta singular. No se trata de la fama ni de los galardones, sino de la sensación de que dos personas que tuvieron la oportunidad de convertirse en un espectáculo mediático optaron, finalmente, por no hacerlo. Y que esta elección, realizada hace más de quince años, sigue siendo válida.

