Hay lugares a los que vas decenas de veces y nunca pasa nada. Sin darte cuenta, acabas por perderles el respeto a medida que te vas acostumbrando a ellos. Para Mario Genz, uno de esos lugares era la laguna de Río Cuarto, en la provincia de Alajuela: un lugar conocido, acogedor y muy frecuentado. Para escapar de sus obligaciones diplomáticas, el cónsul alemán en Costa Rica acudía allí a nadar y bucear. Y el sábado 29 de agosto de 2026, falleció allí.
Genz tenía cincuenta y tres años. Era corredor, ciclista y buceador certificado. No era un viajero temerario que se lanzara al agua sin experiencia previa. Conocía bien la zona y había visitado la misma laguna en numerosas ocasiones. Para su familia, así como para quienes lo conocían en los círculos diplomáticos y deportivos del país, esto hace que los hechos sean aún más difíciles de comprender.

El accidente ocurrió alrededor de las 14:00 horas, cuando los empleados del Centro Recreativo La Laguna dieron la voz de alarma por una emergencia acuática, según la información de la que se dispone actualmente. Según algunas fuentes de los medios locales, la piragua de Genz volcó y él cayó al agua. La entidad gestora del recinto, la Asociación para el Desarrollo Integral de Río Cuarto, reconoció que su equipo actuó con rapidez para rescatarlo del agua, pero se negó a dar más detalles por respeto a la familia y a las autoridades diplomáticas alemanas.
La Cruz Roja de Costa Rica envió tres ambulancias y un vehículo de primera intervención. Cerca del embarcadero, los paramédicos encontraron al hombre sin signos vitales y dedicaron más de una hora a realizar técnicas avanzadas de reanimación. También acudieron bomberos. A pesar de todos sus esfuerzos, Mario Genz fue declarado fallecido en el lugar de los hechos. Según estimaciones preliminares, estuvo sumergido durante aproximadamente treinta minutos antes de ser rescatado.
A través de su cuenta oficial en la red social X, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Costa Rica confirmó el fallecimiento del diplomático y expresó sus condolencias al Gobierno alemán y a la familia. Es una de esas noticias de sábado por la tarde que tardan un tiempo en asimilarse. Aunque un cónsul no es una figura pública en el sentido tradicional, sí simboliza algo tangible: el vínculo institucional entre dos naciones, la cara visible de una relación diplomática habitual que rara vez aparece en las noticias.
Mario Genz era muy conocido entre las personas que compartían sus intereses más allá de sus responsabilidades oficiales. Esposo, padre de dos hijos y aficionado al deporte y al buceo. Según los medios de comunicación costarricenses, es más que un simple funcionario temporal; está involucrado y forma parte de la cultura del país. Este conocimiento del entorno natural de Costa Rica puede haber fomentado un grado de confianza que, al final, resultó insuficiente.
Quedan preguntas sin respuesta. No está claro qué provocó exactamente el percance: si fue el vuelco de la piragua, un problema médico inesperado o una combinación de factores. La dirección del centro ha declarado que no facilitará más información y que los procedimientos pertinentes están bajo el control de las autoridades policiales. Aunque no siempre es sencillo reconstruir con precisión los hechos en este tipo de casos, la investigación oficial podría ofrecer más detalles en los próximos días.
Es evidente que la relación entre Alemania y Costa Rica ha perdido a una persona que, en opinión de quienes lo conocían, desempeñaba sus funciones con eficacia y sentía un amor sincero por su país de origen. Eso es algo que trasciende el protocolo. No todos los diplomáticos se integran así. No todo el mundo acude habitualmente a una laguna en el interior del país para correr por sus senderos y zambullirse en sus aguas. Mario Genz sí lo hacía. Y eso es, en cierto sentido, otro aspecto de la historia.

