Hay carreras que se construyen rápidamente y otras que se construyen poco a poco. La de Eduardo Osuna Osuna encaja claramente en el segundo grupo. Trabajó para la misma empresa durante 32 años, pasando de puestos técnicos en banca corporativa a dirigir la mayor operación de BBVA fuera de España. Esta trayectoria no es muy habitual. Y quizá esa sea una de las razones por las que su nombre goza de gran respeto en el mundo financiero mexicano.
Esta persona nació en Ciudad de México en 1969. A primera vista, su título en Ingeniería Mecánico-Eléctrica por la Universidad La Salle no parece tener nada que ver con la banca. Es probable que su formación técnica y su forma de pensar en términos de sistemas, procesos, causas y efectos cambiaran su perspectiva cuando se incorporó a BBVA Bancomer en 1994. No llegaba con la formación financiera habitual. Cuando llegó, daba la impresión de ser alguien capaz de manejar la situación. Y eso era precisamente lo que la entidad necesitaba al final.
Durante sus primeros años en el banco, trabajó en banca corporativa y en el cobro de deudas. Normalmente, estas no son las partes más emocionantes de los perfiles ejecutivos, pero te enseñan algo que las cifras de un MBA no pueden: cómo funciona realmente el dinero cuando las cosas van mal. De 1996 a 2005, trabajó duro para conseguir que la gente pagara sus deudas, primero en el ámbito corporativo y luego en el de los préstamos generales. Aunque esos años pueden haber sido los más importantes para su carrera, probablemente no sean los que recuerda con más cariño.

Posteriormente pasó por la banca comercial, la banca pública y, finalmente, la banca corporativa. Parece que planificó cada paso, como si él mismo o alguien que lo observara desde arriba estuviera trazando el mapa de toda la institución a través de sus pasos. Cuando se convirtió en consejero delegado de BBVA México en 2015, Osuna ya sabía mucho sobre el banco, más de lo que pueden decir la mayoría de los ejecutivos.
Estuvo al frente de BBVA México durante once años, lo cual es mucho tiempo para un puesto así en el sector financiero latinoamericano. En esa época, el banco consolidó su posición como el mayor banco de México por activos. También tuvo que hacer frente a las fluctuaciones del peso, a las disputas comerciales con EE. UU. y a una pandemia mundial que sacudió la economía del país hasta sus cimientos. Las cosas no salieron según lo previsto. Hubo condiciones de vida difíciles, presiones por parte del Gobierno y los cambios que conlleva dirigir una empresa de tal envergadura. Sin embargo, el banco siguió adelante, creciendo y manteniéndose estable en general.
A finales de julio de 2026, BBVA anunció que se producirían cambios en la dirección de su negocio en México. Como consejero delegado, Osuna dejaría la empresa, pero su etapa allí no habría terminado. Se baraja la posibilidad de que asuma la presidencia del Consejo de Administración de BBVA México. Se trataría de un cargo diferente, más estratégico y menos operativo, pero que seguiría poniéndole al frente de las decisiones más importantes. Algunos ven este paso como un cambio natural, casi inevitable, dada toda la experiencia que ha adquirido. Otras personas, quizá más escépticas, se preguntan si la figura de un presidente tan vinculado a la antigua administración puede realmente dar cabida a un nuevo liderazgo.
Osuna también dirige BBVA Seguros de Salud México y forma parte del Consejo de la Bolsa Mexicana de Valores desde 2020. Estos compromisos apuntan a alguien que, en lugar de reducir su exposición al riesgo, parece satisfecho de trabajar en muchos frentes a la vez.
Quienes lo conocen bien se darán cuenta de que su trayectoria encaja en lo que se denomina «movilidad social real». Ha construido su carrera paso a paso, sin atajos evidentes, dentro de una misma institución. Aún se desconoce qué hará con el poder que le otorga el consejo, así como si el próximo ciclo de BBVA México llevará su impronta de la misma manera que lo han hecho los últimos once.
