El número de personas que resultan afectadas cada año por desastres naturales es alarmante, y la mayoría de ellas no estaban preparadas. No porque no supieran que vivían en zonas peligrosas, sino porque prepararse siempre parece algo que se puede dejar para mañana. La mochila de emergencia está pensada para esos momentos en los que el mañana nunca llega.
La idea, que en inglés se conoce como «bug-out bag», no es nueva ni difícil de entender. Se trata de un contenedor portátil, normalmente una mochila resistente, que contiene todo lo necesario para sobrevivir durante 72 horas tras una evacuación. 72 horas. Tres días. Ese es el tiempo que, según los expertos en protección civil, resulta fundamental antes de que llegue la ayuda organizada. Aunque se trate de un periodo breve, muchas familias llegarían a ese punto sin agua suficiente, sin documentos ni sin medicamentos básicos.
A menudo se confunden ambos términos, pero hay una gran diferencia entre una mochila de emergencia y un kit de supervivencia a largo plazo. La mochila no está pensada para aguantar semanas en el bosque. Está diseñada para desplazamientos rápidos, como salir de casa en cuestión de minutos, llegar a un refugio y esperar noticias. El contenido debe ser ligero, útil y de fácil acceso. No es un trastero portátil, sino solo lo imprescindible.

Existe una lista básica en la que coinciden casi todos los organismos de protección civil. Dado que no siempre hay agua potable disponible en el lugar al que te dirijas, lleva agua embotellada y un filtro para purificar el agua. Alimentos que no se estropeen y que sean ricos en energía, como barritas energéticas, conservas y frutos secos. Un botiquín de primeros auxilios con medicamentos personales es una de las cosas más importantes que suelen olvidar llevar las personas que necesitan tratamientos a largo plazo.
Merece la pena mencionar especialmente los documentos: documentos de identidad, partidas de nacimiento, pólizas de seguro y números de teléfono para emergencias. Todo debe guardarse en una bolsa sellada o en una memoria USB. Quizá pienses que eso ya no importa, ya que vivimos en un mundo digital, pero a los desastres no siempre les importa si estás conectado a Internet. En momentos de caos, hay algo en disponer de un documento físico que es insustituible.
Lo que llevas puesto también es más importante de lo que crees. Para largas caminatas, lleva dos o tres cambios de ropa, una prenda de abrigo aunque sea verano y calzado cómodo para caminar. Durante una inundación o un terremoto, la gente se marcha como puede, no como le gustaría. Aunque una radio portátil con pilas de repuesto pueda parecer anticuada, sigue siendo la mejor forma de obtener información en las primeras horas de una emergencia en lugares sin electricidad.
Muchas guías no hablan de los pequeños detalles que marcan la diferencia. Se gasta menos energía silbando que gritando, y se oye desde más lejos. Cuando los móviles se quedan sin batería, las fotos familiares pueden ayudar a las personas a encontrarse en los centros de evacuación. Las llaves de casa, porque en algún momento tendrás que volver. Dinero en efectivo, ya que los cajeros automáticos no funcionan sin electricidad.
La gente tampoco piensa en cómo adaptar el kit de emergencia a las necesidades de los miembros de la familia. Lo que necesita una familia con niños pequeños es diferente de lo que necesita una persona sola. Las personas mayores de 65 años, las personas con discapacidad e incluso las mascotas modifican el contenido que debe incluir. No existe un kit de emergencia válido para todos, pero hay una regla que se aplica a todos ellos: piensa en lo que necesitas antes de que lo necesites.
Protección Civil y organismos mexicanos como el ISSSTE recomiendan que el kit de emergencia se guarde en un lugar de fácil acceso. Si es posible, conviene tener un segundo kit en el coche o en el trabajo. Puede parecer excesivo hasta que te das cuenta de que no lo es.
Lo más sorprendente de la reacción de la gente ante estas sugerencias es que casi nadie duda de que serán de ayuda. El problema no es la duda, sino la procrastinación. Tener un kit de emergencia no es señal de ser negativo o desconfiado. Es simplemente una decisión inteligente y sensata que cada vez resulta más necesaria en muchas ciudades de todo el mundo.

