En las consultas de otorrinolaringología, la gente suele decir: «Pensaba que era por fumar». Esta frase significa mucho más de lo que parece. Esa intuición se vio respaldada por las estadísticas durante décadas. Este hombre de unos sesenta años fumaba un paquete al día y tomaba una copa después de cenar. Tenía cáncer de cabeza y cuello. Poco a poco, ese panorama está cambiando.
La Dra. Olwen Leaman, responsable del Departamento de Oncología Radioterápica del MD Anderson Cancer Center Madrid – Hospiten, lo explica muy bien: cada año se registran unos 7.400 nuevos casos de cáncer en España. Lo que está cambiando son las causas. Hay más tumores relacionados con el virus del papiloma humano (VPH), ya que la gente fuma y bebe menos. Por eso, la vacuna contra el VPH forma ahora parte del calendario de vacunación escolar. La decisión tardará años en reflejarse en las cifras, y es probable que los padres no piensen en la garganta de sus hijos adultos cuando se les ocurre esto.
Debes saber de qué estamos hablando. El «cáncer de cabeza y cuello» no es un diagnóstico, sino un grupo de cánceres que pueden aparecer en la boca, la faringe, la laringe, los senos paranasales y las glándulas salivales. La mayoría de ellos se originan en las células escamosas, que son las finas capas que recubren el interior de la nariz, la boca y la garganta. Los ojos, el cerebro y la tiroides no forman parte de este grupo, aunque estén muy cerca. Se trata de una denominación tanto clínica como administrativa, lo que puede resultar confuso para los pacientes que buscan información por su cuenta.

El retraso es el problema que no desaparece. Hay una llaga en el cuello que no se cura, una ronquera que dura semanas y dolor al tragar, síntomas que se parecen demasiado a los de enfermedades leves. Te tomas un antibiótico tras otro y esperas a que termine el verano. Para cuando llega el diagnóstico, el tumor suele estar ya muy avanzado. Una figura importante en este proceso de la que casi nunca se habla es el dentista. Muchas llagas se detectan en la consulta del dentista antes de que se detecten en una clínica oncológica.
Los tratamientos han avanzado mucho, y no todas las nuevas ideas son solo publicidad. La radioterapia de intensidad modulada (IMRT) permite que la dosis alta se dirija directamente al tumor, al tiempo que protege en gran medida a los órganos cercanos. Esto es muy importante cuando el daño afecta a la saliva, la voz o la capacidad de tragar. Leaman destaca un detalle menos llamativo: acudir a las citas una vez a la semana durante el tratamiento para que los primeros efectos secundarios puedan tratarse rápidamente. El seguimiento es lo que es, no la tecnología. Muchas veces, marca la diferencia.
Luego están las herramientas que aún se están desarrollando. Cuando un paciente pierde peso y su cuerpo ya no se ajusta al plan original, se recurre a la radioterapia adaptativa. La inteligencia artificial ya está reduciendo el tiempo que transcurre entre la primera cita y el inicio del tratamiento, lo que supone semanas de tiempo valioso. El experto también afirma que la terapia de protones está ganando popularidad poco a poco gracias a los ensayos más recientes. El uso del término «poco a poco» es sincero y debe destacarse.
El otro avance importante es la inmunoterapia. Está aprobada como terapia previa a la cirugía y, a menudo, reduce la cantidad de tejido tumoral que hay que extirpar. Operar menos no es solo una cuestión de estilo cuando hablamos de caras, mandíbulas y lenguas. Leaman cree que en los próximos meses o en el plazo de un año se publicarán nuevos ensayos que podrían cambiar la práctica clínica diaria.
Aun así, la combinación de radioterapia e inmunoterapia tiene un gran potencial, ya que sus efectos biológicos son más eficaces cuando se utilizan conjuntamente. Hace años, la gran pregunta era si era seguro combinarlas. Ahora, esa pregunta tiene respuesta. Aún quedan algunas dudas, como en qué orden aplicarlas y si se debe recurrir a la quimioterapia o no. Además, hay algo casi inquietante en el meollo del problema: la mayoría de estos tumores están causados por factores que se pueden evitar. Uno puede vacunarse contra un virus, dejar de fumar o dejar de beber alcohol. Existe la prevención. El diagnóstico precoz sigue siendo posible, pero solo si no se espera hasta septiembre.

