A las seis de la mañana del 27 de julio de 2026, el sistema ya indicaba que había 41 incendios forestales confirmados en España. No se trataba de una predicción ni de un resumen del día anterior. Era la situación real, minuto a minuto, de los incendios en las montañas españolas mientras la mayor parte del país dormía.
Ver esa cifra parpadear en una pantalla resulta inquietante. No es una idea vaga. Detrás de cada punto del mapa hay árboles en llamas, animales huyendo y, en algunos casos, bomberos que llevan trabajando desde el amanecer. El incendio de Burgohondo, en Ávila, llevaba activo desde el 22 de julio al mediodía. Desde el día 16 del mismo mes, el incendio de La Mierla, en Guadalajara, ardía con fuerza. Once días de fuego en el mismo lugar. No se trata de una emergencia puntual; es una crisis a largo plazo.
A diferencia de otros tipos de herramientas de seguimiento, esta se atreve a mostrar la cruda realidad sin edulcorarla. El mapa reúne información de siete fuentes diferentes, como los satélites de la NASA y los servicios de emergencias 112 de la Comunidad Valenciana, y lo presenta todo en un visor que cualquiera puede utilizar. No hace falta saber cómo utilizar bases de datos gubernamentales ni ser un experto en tecnología. Solo hay que acceder a la página web.
Con una resolución de hasta 375 metros, los satélites VIIRS y MODIS de la NASA pueden detectar focos de incendio. Esto significa que los incendios en zonas de difícil acceso pueden localizarse antes de que los equipos de tierra puedan verlos por sí mismos. Como complemento, el satélite geoestacionario europeo Meteosat envía actualizaciones las 24 horas del día, 15 minutos después de la puesta de sol. Es lo que diferencia una imagen de un vídeo. Hay más verdad en lo que cuentan cuando se juntan todas sus historias.

Tras observar el mapa durante unos días, hay algo que llama la atención. Cada punto caliente es diferente en cuanto a su intensidad y al tiempo que lleva activo. Algunos desaparecen al cabo de unas horas. Otros llevan activos desde el 3 de julio, como el de Peñíscola, en la Comunidad Valenciana. Casi cuatro semanas. La plataforma mide este nivel de intensidad con un dispositivo conocido como FRP, que significa «potencia radiativa en megavatios». Este dispositivo capta el calor del incendio y lo convierte en una cifra. En las 24 horas que finalizaron el 27 de julio, hubo tres lugares con más de 300 MW. Según los propios criterios del sistema, se trata de incendios de gran magnitud.
Por supuesto, España no es el único país de Europa que se enfrenta a este problema. Brasil cuenta con su propio sistema de seguimiento, denominado Fogos.pt, que utiliza información de la ANEPC y el ICNF. Mediante imágenes de Sentinel-2 y MODIS, el sistema europeo EFFIS, integrado en el programa Copernicus, elabora mapas de las zonas quemadas. Pero hay algo en las características de España —los diferentes ecosistemas, la geografía dispersa y la diferencia entre un incendio en las montañas de Ávila y otro en la costa del Mediterráneo— que hace que un sistema específico con datos desglosados por comunidad autónoma sea aún más importante.
La decisión de añadir capas de información más allá del propio incendio es lo que diferencia a esta plataforma de otras herramientas que realizan la misma función. Informes de carreteras cortadas de la DGT (Dirección General de Tráfico), que se actualizan cada cinco minutos. En tramos de carretera cercanos a los incendios, se activaron balizas V16. Se comprobó la calidad del aire en 25 puntos diferentes de la región. Datos del viento en tiempo real, ya que no se puede predecir con certeza cómo se comportará un incendio sin saber en qué dirección sopla el viento. En conjunto, estos detalles cambian la forma en que una persona normal puede decidir qué hacer en una emergencia.
Es posible que este tipo de herramientas resulten más útiles de lo que parecen a primera vista. No sustituyen a los cuerpos de bomberos ni a los sistemas oficiales de emergencia, ni pretenden hacerlo. En cambio, ponen información técnica compleja al alcance de personas que, tradicionalmente, han dependido de las noticias para saber qué está ocurriendo a solo unos kilómetros de distancia. En lugar de esperar al telediario de las 15:00, ver un incendio en tu zona en tiempo real, con coordenadas exactas y los recursos desplegados sobre el terreno, es una experiencia muy diferente.
